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Festival Canet Rock 2

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Festival Canet Rock 1976

Triana actuó en el Plá d’en Sala en en el 2º Canet Rock el 7 de agosto.

En el escenario central actuaron Esqueixada Sniff (grupo de Josep Mª París).

Por orden de actuación:

  • Oriol Tramvia
  • Blay Tritono
  • Colores
  • Toti Soler
  • Rondalla de la Costa
  • Companyía Eléctrica Dharma
  • Granada
  • Secta Sónica
  • Sisa
  • Jordi Sabatés y Santi Arisa
  • Triana
  • Pau Riba.

 

Envelat: Els Pavesos (Valencianos), La Bullonera (Aragoneses), Orquesta Plateria (Catalanes), Potestri (Catalanes).

Circo: Micky Espuma, Atila.

La asistencia al Canet Rock fue de unos 25.000 espectadores.

Precio del ticket: 300 ptas.

 

 

Canet: "doce horas de 'rock' y alegría"

Doce horas continuadas de música rock, o más bien roc, según la conveniente traducción al catalán, sirvieron en Canet de Mar, capital veraniega de los festivales musicales, para dar cuenta del quehacer de grupos y solistas empeñados en dotar a la música generacional de nuestros días, a la música rock de unas raíces y unos contenidos propios.

Pero lo más importante de Canet ocurrió fuera del escenario porque los organizadores quisieron, y consiguieron, ofrecer a los 25.000 espectadores algo más que música, ofrecerles la posibilidad de elección entre un conjunto de amplias posibilidades, que facilitaran el transcurso feliz de una noche de Roc y folía. Más de 70 tenderetes ofreciendo un amplio surtido de objetos (posters, libros, comics, objetos de artesanía, perfumes, discos, sombreros, camisetas y pantalones tejanos, etc.) e insospechadas posibilidades gastronomicas servidas por cocineros amateurs (sardinas, ensaladillas, huevos en diversas preparaciones, bocadillos, frutos secos, empanadillas, cazalla con pasas, etc.), cubrían el entorno de una explanada por la que paseaban de un escenario a otro miles de jóvenes venidos de todos los puntos de España. En el entoldado se apiñaban los danzantes, sobre una pista que se mostró excesivamente reducida, en una verbena amenizada por los desenfadados, componentes els Pavessos, grupo valenciano pródigo en tracas y en inimaginables travestis, por los ritmos frívolos y decadentes de la «Orquesta Platería». En el circo, funámbulos perros amaestrados alternaron con actuaciones musicales entre las que habría que destacar al futioso grupo Atila, tras cuyo pase quedaron arrasados cables y circuitos eléctricos por las entusiásticas oleadas de fans.

Cerrado el circo, en una semiimprovisada pantalla, se pasaron películas mudas y la inefable noche operística de los Hermanos Marx y que se hubieran sumado gustosos al tumultuoso espectáculo colectivo.

Algo más que un festival

La simultaneidad de Puntos espectáculo y el propio show organizado a título individual por anónimos protagonistas, harían difícil esbozar una crónica ordenada y coherente de lo que realmente ocurrió en este Canet-Roc, pero precisamente, esta visión parcial selectiva del acontecimiento era la buscada por unos organizadores que consiguieron romper el inevitable tedio que suele surgir en estas ciclópeas manifestaciones musicales. La noche de Canet ofreció esparcimiento, música y espectáculo para más de 20.000 personas y hay que apuntar la excelencia del sonido en el escenario principal y el rigor con el que funcionaron las alternativas propuestas. Fue excelente, también el comportamiento del público, flamearon banderas anarquistas, rojas republicanas, junto con algunos pendones rabiosamente personales formados por las más distintas prendas de ropa y entre el público florecieron imaginativos maquillajes y pinturas en los más diversos tonos, en el stand de la recientemente suspendida revista Ajoblanco improvisados ejecutantes del body art pintaban gratuitamente de los más variados colores a quienes querían contribuir al espectáculo con la visión de sus respectivos cuerpos. Al final de la noche en los puestos de la Cruz Roja se habían atendido únicamente a 62 personas afectadas por ligeras intoxicaciones.

En los tenderetes abiertos durante toda la noche figuraban las manifestaciones gráficas, artesanales y literarias engendradas por esta generación del rock, el comic estaba representado por el stand de Pastanaga con algunas publicaciones del Rollo, una edición profusamente ilustrada del Libro de los muertos tibetanos y otras revistas y folletos en los que se mezcla la contestación radical con el budismo zen, la ecología con la insatisfacción generacional y el naturismo con una literatura influenciada por -la beat generation y los maestros del rock. En Ajoblanco, al margen de exhibiciones pictóricas se vendían ejemplares de la revista y una guía para viajar a la India sin dinero y con el mínimo de peligro posible y los responsables de Rock-comic ofrecían su último número sobre el roc-catalá con textos, dibujos y fotografías.

La música que correspondía a este público y a este ambiente estuvo marcada por grupos y solistas catalanes con la colaboración de dos grupos andaluces que buscan sus raíces en el flamenco. Triana no logró estar a la altura de sus mejores actuaciones, y Granada superó con creces su propio nivel y forjó una excelente actuación. Entre los grupos y solistas catalanes destacó la bulliciosa música de la Companya Eléctrica Dharma, que combina sus referencias sardanísticas con una estructura puramente rock, dando lugar a uno de los productos más originales y mejor acabados de nuestro rock. Oriol Tramvia a través de su lenguaje y de su música rabiosamente iconoclasta proporcionó excelentes momentos de un rock divertido y lleno de referencias. Sisa, en solitario, dio quizá -más que ningún otro el reflejo del mundo allí representado con sus canciones plenas de imaginación y de nonsense con un humor entre ácido y esperanzado. Pau Riba cerró la noche con cierto cansancio y considerables dosis de ironía. Grupos como Blay Triono, Esqueixada o Secta Sónica ofrecieron excelentes momentos y posibilidades de un estilo original ahora en sus comienzos y a la nómina se sumaron Toti Soler con su incisiva e inquieta guitarra, la fusión Mirasol- Colores, La Rondalla de la Costa y otros nombres como los del dúo Sabatés-Arisa. Por diferentes caminos y con distintos grados de perfeccionamiento, en Canet-roc se constató el excelente y esperanzador momento de una música que está comenzando a encontrar unas raíces que parecían perdidas y conformando una sonoridad «mediterránea», brillante e imaginativa aportación al campo del rock de una música en la que parecía que todo nos venía del exterior.

Moncho Alpuente, El Pais, 10/08/1976

 

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