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Crónica de Alberto Mallofre

Page history last edited by El Gato Andaluz 11 years, 1 month ago

El rock andaluz de Gualberto y los conjuntos Guadalquivir y Triana.

El anunciado concierto de rock-andaluz despertó tanto interés que el Palacio de los Deportes se llenó del todo, como en los días Supertramp y en la jornada motorista del “Trial Indoor” promovida por “Soto Moto”. Se advirtió, una vez más de lo caudalosa que es aquí la colonia andaluza, como saben muy bien las taquillas de los campos de futbol Primera y Segunda división, cuando viene un equipo del sur.

Abrió la velada el grupo Guadalquivir, que sin excesivas pretensiones estéticas entretuvo bien a la parroquia.

El número siguiente en el programa era Gualberto, un nombre realmente estelar en el firmamento rockero hispánico, cuya gloria se nutre más de la leyenda que de obras concretas y tangibles, que hasta la fecha ha sido más bien escasas y borrosas. Pero más borrosa fue todavía su actuación en este concierto, pues entre la amplificación deficiente, entre que él no estaba a gusto y que queria marcharse y que su actuación fue cronológicamente muy breve, apenas si se le oyó, en el empleo de la guitarra y del sitar, y gran parte del público no dió muestras de lamentarlo.

En cambio, el grupo Triana, sobre el que se encontraba el protagonismo, fue acogido con una gran ovación de simpatía. Ovación que se repitió constantemente a lo largo del concierto, en el que el popular conjunto repitió hasta la saciedad sus conocidos esquemas rítmico-melódicos, sostenidos sobre una base armónica muy simple. Las voces cantantes del grupo se compenetran con los teclados y la percusión, con una guitarra española en plano primordial por aquello del colorido autóctono. No hay demasiada enjundia creativa, y la receta consiste en insistir sobre una fórmula sencilla que ha probado su eficácia y de la que Triana parece no querer (¿o no poder?), apartarse. El caso es que al principio atrae el número, pero cuando uno ve que ya está todo y que lo que sigue es igual, se queda sumergido en un porfiado “dejà vu” del que sólo puede liberarse con el final del concierto.

Opiniones aparte, y esta es la nuestra, el caso es que Triana triunfó, a juzgar con la fuerza con que fue aplaudido. Se dirá que esto es lo que vale, a fin de cuentas, y así debe ser, para los interesados.

 

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